¿Sabía o no sabía el gobierno de Ollanta Humala que la gran mayoría de pobladores del Valle de Tambo se oponía a Tía María? Imposible que no. Entonces, ¿por qué…?, ¡por qué!

Lo sabíamos todos: promineros y antimineros. Lo sabíamos antes, durante y después de la huelga indefinida, de las lentejas, de los muertos y heridos, de la injusticia contra Antonio Coasaca, del estado de emergencia.

Hace cinco años, uno de estos consultores que se dedican a presentar el Perú a los grandes inversionistas extranjeros contaba cómo sentía vergüenza cuando exponía las cuestiones políticas y éticas de nuestro país.

Vergüenza porque el diagnóstico era contundente: corrupción, inmoralidad, coima, prebenda, indecencia.

Y, cómo se sorprendía cuando el “empresario” sonreía al escuchar esto. En términos de negocios: hay problemas que resultan siendo una oportunidad.

Tal vez eso explica el comportamiento de algunas empresas, nacionales y extranjeras, que saben y por eso no se preocupan, total, quién es Coasaca o Rodríguez o Gutiérrez u Osorio.

Todo se compra, todo tiene su precio.

Por eso podría sonar ingenua la frase dicha en este diario, La República, por el experto en minería López Follegati: “el error en Tía María fue no oír a la gente”.

Aunque tiene totalmente la razón, el empresario preguntará: “¿y para qué?”. Y lo mismo dirán la autoridad y los periodistas de Lima, y también algunos de por acá. Sólo que hay que distinguir.

Para los empresarios, el asunto se traduce en “costos de inversión”. Para las autoridades y periodistas, la situación se expone en: antiminería, radicalismo, terrorismo, ignorancia, retraso, y también en “costos de oportunidad”. Respecto de la gran mayoría de los pobladores del Valle de Tambo que no quieren Tía María, la investigación cualicuantitativa de la ONG Labor debe servir para volverlos a escuchar, entender, comprender.

Y si están acertados: apoyarlos. Y si están equivocados: igualmente. ¿Pero cómo es posible que crean que Pepe Julio Gutiérrez es inocente? Por favor: oigamos, analicemos. Si son tan inteligentes, demuéstrenlo.

Finalmente, ¿quién ganó?

La minera: más desprestigiada, botando dinero en una campaña absurda, sin mina.

Los pobladores de Tambo: muertos, heridos, atemorizados, ninguneados, insultados, sólo con su presente y sin futuro.

Los policías: muerto, heridos, sin que se les pague lo normado, ineficaces, sin dirección.

¿Quién ganó? Y, Southern sabía.11760239_1038525869504750_7059467304977830558_n

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